miércoles, 17 de julio de 2013

Arthur C Clarke: no es magia, es ciencia ficción

Leer relatos sobre la presencia de humanos en el espacio, imaginar la posibilidad de razas alienígenas que buscan nuestra evolución para trascender del plano actual, la indeseable visita de un asteroide que puede acabar con toda la vida en la Tierra y el descubrimiento de un pilar negro en la Luna que sirve como faro a seres que nos vigilan desde lejos. Estos son los temas que sirven como motivo impulsor a las novelas más relevantes de un británico que nos acercó la ciencia ficción: Arthur C. Clarke.

Arthur C. Clarke (1917-2008)


A mis estudiantes les explico que la fantasía no es ciencia ficción (siempre tienden a confundir a "Harry Potter" con este último género, como si un hechizo o poción entraran en el terreno de lo comprobable). Sin embargo, la ciencia ficción fascina por los elementos que la componen, la tecnología que supera la realidad y los detalles que son difíciles de ubicar en un futuro posible o en un pasado inimaginable: solo un lector capaz de ver más allá de su entorno podría captar sin problemas este género literario. Por ello, Arthur C. Clarke lo explica mejor con dos frases: 
«La magia es solo ciencia que aún no entendemos».
«Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia».
Gracias a su genio literario para adentrarse en situaciones inverosímiles por lo que plantea en sus novelas (los temas colocados al principio), nos ha mostrado planteamientos filosóficos muy duros para nuestro entendimiento, así como opiniones sobre cómo nuestro ritmo actual no es acorde con el propósito de nuestra "evolución". 

Es muy conocido por ser el autor de la saga "Odisea Espacial" (son cuatro entregas, pero la que más recordamos es la llevada al cine, "2001: una odisea espacial"), pero tiene otros relatos y novelas que aparte de ser muy interesantes, son sencillos y directos en su estilo, con finales impactantes que logran el cometido de sorprender al lector.



Es considerado uno de los propulsores de la ciencia ficción dura (dejaré que lo averigüen en la web), pero lo más interesante es el criterio para mostrar escenas tan emocionantes que dejan sin aliento con solo unas pocas palabras. Para explicarlo mejor solo me remitiré a dos obras suyas que -hasta donde he podido disfrutar- demuestran lo que quiero enseñar: "El fin de la infancia" y "Los nueve mil millones de nombres de Dios".

En la novela "El fin de la infancia" existe una escena muy fuerte y que deja a la expectativa: los "superseñores" advierten a la humanidad que las matanzas de animales por diversión están prohibidas. Esto enfurece a muchas personas, incluidos los españoles aficionados a la tauromaquia. Como desafío a estos alienígenas, deciden que no acatarán la orden. Pero que sea el mismo extracto de la obra para que, en pocas palabras, muestre lo ocurrido: 
"Pueden matarse entre ustedes si les gusta –había dicho el mensaje (de Karellen, el superseñor)–, ese es un asunto que queda entre ustedes y sus leyes. Pero si matan, salvo que sea para comer o en defensa propia, a los animales con quienes ustedes comparten el mundo... entonces tendrán que responder ante mí".
Nadie sabía exactamente la amplitud que podía tener este edicto o qué haría Karellen para asegurar su cumplimiento. No hubo mucho que esperar.
La plaza de toros estaba colmada cuando los matadores y sus acompañantes iniciaron su desfile. Todo parecía normal. La brillante luz del sol chispeaba sobre los trajes tradicionales, la muchedumbre, como tantas otras veces, alentaba a sus favoritos. Sin embargo, aquí y allá algunos rostros estaban vueltos ansiosamente hacia el cielo, hacia la lejana sombra de plata que flotaba a cincuenta kilómetros por encima de Madrid (en referencia a la nave extraterrestre).
Los matadores habían ocupado ya sus lugares y el toro había entrado bufando en la arena. Los flacos caballos, con las narices dilatadas por el terror, daban vueltas a la luz del sol mientras sus jinetes trataban de que enfrentasen al enemigo. Se dio el primer lanzazo –se produjo el contacto– y en ese momento se oyó un ruido que jamás hasta entonces había sonado en la Tierra.
Era la voz de diez mil personas que gritaban de dolor ante una misma herida; diez mil personas que, al recobrarse de su sorpresa, descubrieron que estaban ilesos. Pero aquel fue el fin de la corrida y en verdad de todas las corridas, pues la novedad se extendió rápidamente. Es bueno recordar que los aficionados estaban tan confundidos que sólo uno de cada diez se acordó de pedir que le devolvieran el dinero, y que el diario londinense Daily Mirror empeoró aún más las cosas sugiriendo que los españoles adoptaran el cricket como nuevo deporte nacional.
En el relato corto "Los nueve mil millones de nombres de Dios", las acciones llevan a un final no solo sorprendente sino impactante por su último párrafo. Claro, es un cuento que vale la pena leer dos veces para ubicarse en el ambiente por los tres cambios de tiempo y lugar que se observan durante el transcurso del relato. Pero más por cómo las acciones y el ambiente nos ayudan a entender el final inminente que nadie puede prever. 

Como preámbulo del cuento, les comento que se desarrolla primero en una ciudad con la entrevista de un monje budista con el director de un centro científico que le solicita la contratación del "súper ordenador" Mark V para un determinado propósito. Luego la acción se desarrolla en pleno monasterio budista en las montañas tibetanas, con el diálogo de dos técnicos responsables del Mark V. De ahí en adelante el relato se torna interesante y les aseguro que lo disfrutarán, más por su corto pero fulminante desenlace.



Aquí les dejo el enlace para que disfruten las novelas que pude recopilar de este mago de la ciencia ficción. Biblioteca de Arthur C. Clarke