sábado, 28 de septiembre de 2013

¿Lees por obligación o por placer?

Hoy me detengo en mi perorata de comentarios sobre autores para que descansen de mi semanal soliloquio literario. Más bien quisiera comentar -o desahogarme- sobre el propósito de este blog y la importancia que tiene lo que hago en mi aspecto laboral, que tanto me satisface personalmente. 

Para aquellos que todavía no se los comenté -y creo que poco debe interesar-, soy docente de Castellano y Literatura a nivel de educación media general (bachillerato o secundaria, como lo deseen llamar). En esta etapa, para la asignatura que imparto se nos indica que debemos "invitar" a los estudiantes a leer una obra literaria de algún escritor venezolano y luego que la analicen a través de un informe escrito, el cual debe ser entregado al profesor. 

Seguro que luego de leer lo anterior, más de uno habrá recordado cómo tuvo que esforzarse por entender: "Casas muertas" de Miguel Otero Silva, "La Trepadora" o "Cantaclaro" de Rómulo Gallegos, "Lanzas coloradas" de Arturo Uslar Pietri, "Ifigenia" o "Memorias de Mamá Blanca" de Teresa de la Parra, entre otros. Quienes hayan disfrutado estas lecturas en su adolescencia, los felicito y de verdad les aplaudo lo que lograron entre tantos deberes y exigencias de otras asignaturas. Sin embargo, esto no ocurre ni se cumple en otros jóvenes y adolescentes -entre quienes me incluyo- que no se sintieron a gusto con esta modalidad aplicada por sus respectivos docentes de Castellano. He oído entre mis viejos compañeros de estudio y actualmente en algunos alumnos cómo el aburrimiento es sinónimo de "leer por obligación" hasta matar la semilla del hábito de la lectura, sólo por cumplir la evaluación planteada por el profesor. 

Vienen y van los planes de promoción a la lectura, así como las jornadas o festivales de libros que se proyectan o se ejecutan hasta su fase inicial, pero que sólo sirven como propaganda e incluso parafernalia. Se empapa con lo que se desea hacer, pero no permea hasta los lugares más recónditos que están ávidos de humedad. 

Un ejemplo a lo que me refiero: En 2005, una actividad gubernamental muy positiva se realizó en mi país para difundir la lectura de la más famosa obra en lengua castellana: una versión resumida y explicada de "Don Quijote de La Mancha". Se regalaron millones de ejemplares de este libro en todas las plazas del país y la gente los recibió con alegría y entusiasmo. Sin embargo, de la emoción se cayó a la realidad: muchos lo tenían, pocos lo leían. El plan no fue más que un bonito sueño, pero no generó lo que realmente se esperaba. El árbol murió porque sus raíces no lograron profundizar en la tierra.

Lo mismo ocurre cuando la lectura es obligatoria e impuesta en la escuela, el liceo, el colegio y hasta en la universidad. Esto conduce a la interrogante elemental: ¿cómo promover el gusto a la lectura en los jóvenes?

Responder a esa pregunta es muy simple, pero complicado a la vez. Hay muchas respuestas por la cantidad de posibles soluciones y cada una se determina según las características de la población lectora o el entorno. No obstante, plantearé mi testimonio como ejemplo sencillo para intentar analizar lo arriba expuesto:
  • Explico a los estudiantes que leeremos tres novelas en el año escolar. 
Comentarios: "eso es mucho", "me da flojera leer", "¿tanto?", "¡Qué fastidio!", "se ve complicado", "no soy bueno leyendo, profe". 
  • Indico que las novelas a leer deben analizarse al final de cada lapso (el año escolar se compone de tres) con un tipo de evaluación distinto en cada uno: informe escrito, representación escenificada y exposición.
Comentarios: "¿Eso no se puede hacer en grupos?", "Ah, no, ya está pidiendo demasiado, profe".
  • Para su sorpresa, les digo que podrán leer la novela que ellos prefieran y sea de su gusto. Claro, previa revisión del profesor con el fin de evitar algo inapropiado.
Comentarios: "¿Es en serio? ¿Cualquier libro?", "¿puede ser Harry Potter?", "¿qué me dice de Crepúsculo?", "¿me recomienda alguno, profe?".
  • Por último, les propongo que usemos una hora de clase sólo para leer y así realizar un seguimiento de la lectura de cada estudiante. Apunto en el pizarrón los títulos de algunas obras juveniles o que son interesantes para ellos.
Espero que esta entrada ayude a algunos colegas en generar un cambio de estrategia o surjan nuevas propuestas para fomentar la lectura. Mi labor es pequeña, pero ha dado buenos frutos; sin embargo, no es suficiente y por ello la motivación de escribir este blog. 

También anhelo que lluevan los comentarios, críticas de todo tipo y hasta propuestas sobre cómo propiciar que el hábito de la lectura no sea sinónimo de hastío o rutina vacía, sino de provecho placentero y enriquecedor.