sábado, 22 de junio de 2013

Recordando al "sembrador del petróleo"

Alguien que leyó mi blog -y qué agradezco por haberse tomado esa molestia- me ofreció buenos comentarios, pero me cuestionó el porqué no había publicado -hasta ahora- sobre un escritor de mi país (Venezuela) que ha sido muy laureado y también recibió tantos premios condecoraciones, pero no se le ha dado justo valor a su obra, la cual es extensa, prolífica, variada, enriquecedora y muchos otros adjetivos que puedan calificarlo. Hablo sobre el ilustre Arturo Uslar Pietri.
Como soy docente de Literatura, siempre tengo el privilegio de enseñar a mis alumnos que en el aspecto narrativo, tenemos a cinco buenos exponentes venezolanos: Rómulo Gallegos (novelista), Andrés Eloy Blanco (poeta), Ignacio Cabrujas (dramaturgo), Mariano Picón Salas (ensayista) y Guillermo Meneses (cuentista). 

Sin embargo, para englobar a estas cinco áreas de la narrativa en Venezuela, debemos hacerlo en un solo personaje: don Arturo escribió siete novelas, ocho libros de cuentos, más de 30 ensayos -ya sabemos cuál fue su fuerte-, dos libros de poesía y seis obras teatrales.




Recibió decenas de premios literarios (Príncipe de Asturias y "Rómulo Gallegos"), además de condecoraciones y reconocimientos, que agregado a lo excepcional de su reputación y un currículum intachable, lo colocaron como prohombre en mi país y ejemplo de buen ciudadano por mucho tiempo (con su serie televisiva y literaria "Valores humanos", que espero se retome para la formación ciudadana de todos). 

"La lluvia" y "La isla de Robinson"

Es difícil elegir entre toda la obra de don Arturo para hacer una referencia, pero haré el intento y espero no pecar en haber menospreciado algo que haya omitido y sea importante. Bueno, ahí voy: 

• Su cuento "La lluvia" -ganador del III concurso de la revista Élite- es una obra de arte que te pasea no por un ambiente (aunque sí lo hace, pero es el contraste secundario) sino por los sentimientos de una pareja que sufre las inclemencias de la sequía y luego de la angustia. Es un relato corto pero vertiginoso, con emociones fuertes al final. 

"La isla de Robinson" es una de las novelas que -con este auge "a lo bolivariano"- debería tomarse en cuenta por el valor de relatarnos sobre un personaje que educó y guió a un muchacho rebelde y terco en el genio de América. La visión que don Arturo nos muestra de Simón Rodríguez es elocuente, práctica y muy sencilla. "Más inspiradora que una telenovela criolla y más enriquecedora que un vaso de chica", según mis palabras al terminar de leerlo, nos detalla en varios lapsos narrativos las vicisitudes y obstáculos que sufrió el maestro de Bolívar, así como lo poco reconocido de su labor y la proyección de lo que quiso. Una novela que todo maestro -de cualquier nivel educativo- debe leer.

Concluyo mis sencillas opiniones con una recomendación para los principiantes como yo: empezar con sus ensayos (especialmente "Sembrar el petróleo") o bien con sus cuentos (hay variados y para todo gusto), luego avanzar con una novela (repito, son siete) y eso sí, no tragarla de sopetón sino avanzar poco a poco, pues cada palabra colocada tiene una intención y por eso sus obras tienen el rasgo que las identifica por su autor: su propósito va más allá de entretenerte, busca educarte en tu conciencia.